El 2026 es un año en el que se están renovando varias guías y consensos de distintas instituciones y sociedades científicas. Te compartimos un breve resumen de lo que dicen 3 documentos muy relevantes, publicados recientemente.
Guía 2026 de dislipidemias - AHA/ACC (American Heart Association/American College of Cardiology)
Se recomiendan patrones alimentarios que no solo reduzcan los niveles de LDL-C y triglicéridos, sino que reduzcan el riesgo cardiovascular global. Por ese motivo, las guías dicen explícitamente que “las dietas preferidas son predominantemente basadas en plantas (mediterránea, DASH, vegetarianas/veganas)”.
Consenso 2026 de manejo de diabetes tipo 2 - AACE (American Association of Clinical Endocrinology)
Nuevamente se habla de dietas basadas en plantas, DASH y mediterránea, no sólo para un mejor control glucémico, sino para la reducción del riesgo cardiovascular global. Estos patrones alimentarios mejoran el perfil de lípidos y los niveles de presión arterial, y se asocian con menor riesgo de infartos y muertes de causa cardiovascular a largo plazo.
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Declaración 2026 de la AHA sobre dietas saludables para la prevención cardiovascular
Este documento es una actualización de la declaración previa de la American Heart Association del año 2021. Esencialmente ratifica lo que ya decía entonces. Entre otras cosas, indica comer abundantes verduras, frutas, elegir granos enteros sobre refinados, priorizar proteínas de origen vegetal por sobre las carnes, grasas insaturadas por sobre las saturadas, y elegir alimentos mínimamente procesados en lugar de los ultraprocesados. Nos deja una figura muy amigable que resume las pautas de una alimentación para prevenir la enfermedad cardiovascular a lo largo de la vida.

Conclusiones
En enero de este año se publicaron las guías alimentarias del USDA, que causaron revuelo un gran con su pirámide invertida. De esto ya nos hemos ocupado extensamente en un artículo de blog y una masterclass de casi 2 horas (¡!). Te sugerimos consultar el material para interiorizarte en el tema, pero en resumen, una de las causas del alboroto que causaron estas guías es que enfatizan mucho a las proteínas y grasas de origen animal, con justificaciones más bien ideológicas, políticas y económicas, y no basándose en la mejor evidencia científica para la salud humana, por lo cual ha recibido numerosas críticas.
Afortunadamente, las sociedades científicas sí siguen (en general) pautas basadas en evidencia científica para la redacción de sus documentos. Como vemos, las dietas basadas en plantas no solo se siguen recomendando, sino que la evidencia que las sustenta es cada vez más sólida.
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Ariel Kraselnik Médico cardiólogo, profesor universitario e investigador. Co-director del posgrado “Nutrición Basada en Plantas. Salud, ética y soberanía alimentaria” FCM-UNR