El boom de las patologías gastrointestinales: ¿qué está pasando?
¿Te pasa que cada vez más pacientes consultan por síntomas gastrointestinales? Distensión, dolor, constipación y diarrea, sensación de inflamación permanente, intolerancias a distintos alimentos, y en redes sociales todos hablando o diagnosticados con SIBO. Cada vez más personas llegan a consulta desesperadas diciendo que ya no saben qué pueden comer.
Y en paralelo, proliferan programas que prometen “resetear el intestino”, “desinflamar en 7 días” o “curar la microbiota” con protocolos pseudoestandarizados que, muchas veces, dejan a las personas más restringidas, más temerosas y, paradójicamente, con más síntomas.
Esto no es una percepción aislada: estamos frente a un fenómeno clínico creciente. El aumento de consultas digestivas no solo se ve en la práctica clínica, sino también en la producción científica, en la divulgación y en el mercado de intervenciones rápidas.
Frente a todo esto, la pregunta no es solo qué dieta o recomendaciones indicar, sino empezar a preguntarnos qué está generando, me atrevo a decir, esta epidemia digestiva.
En este artículo te invito a pensar el problema desde una perspectiva sistémica: del sistema alimentario al estilo de vida, de la microbiota al contexto social y del síntoma al origen.
El punto de partida: el sistema alimentario
No podemos hablar de salud digestiva sin hablar del sistema que define, o al menos propone, qué comemos. En Argentina, el consumo de productos ultraprocesados ronda los 190 kg por persona por año. Esto no solo desplaza alimentos frescos como verduras, frutas y legumbres, sino que introduce grasas refinadas, azúcares, aditivos y matrices alimentarias, todo esto tiene la potencialidad de impactar directamente en la microbiota intestinal.
Múltiples estudios encuentran que el consumo elevado de ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo enfermedades no transmisibles, disfunción gastrointestinal, alteraciones metabólicas y mayor riesgo de depresión.
Desde ya que el impacto no termina solo en lo biológico, sino que los envases plásticos, la producción industrial intensiva y la degradación de suelos forman parte de una cadena que compromete la salud ambiental. Y si los suelos, donde se producen nuestros alimentos, están enfermos o degradados, ¿cómo van a estar nuestros cuerpos? Aquí es donde el concepto de Una Salud (One Health) cobra sentido: la salud humana, animal y ambiental están profundamente interconectadas.
Estilos de vida y “vida moderna”
Más allá del sistema alimentario, la llamada vida moderna introduce factores que impactan directamente en la función digestiva. Mientras más desconectados estamos de nuestros ritmos biológicos y de nuestra autogestión de la salud, mayores son las probabilidades de que el síntoma aparezca como señal de alarma.
Frente a estas “papas calientes” (personas con alta carga sintomática y deseo de pronto alivio, que sin duda deben ser escuchadas y acompañadas) la medicina muchas veces se ve presionada a paliar rápidamente. Y aunque el uso de medicación puede ser necesario en determinados contextos, cuando el abordaje se limita solo a silenciar el síntoma, el problema de base suele permanecer intacto.
Así es que no solo se trata de suprimir el síntoma (lo cual es necesario) sino también de identificar los factores que lo generan y lo sostienen.
De lo contrario, vemos cada vez más personas polimedicadas, con dietas restrictivas prolongadas sin estrategia clara, funcionales a un modo de vida que perpetúa el malestar.
Puede sonar duro, pero merece ser dicho.
Algunos componentes de esta “vida moderna” son el uso excesivo de pantallas, el sedentarismo, el estrés crónico, la falta de contacto con ambientes naturales, y, por supuesto, una alimentación de mala calidad (especialmente aquella baja en fibra, frutas y vegetales).
Y aun así, hay personas que hacen todo “BIEN” y presentan síntomas digestivos. Porque nadie está exento, ya que la salud digestiva es multifactorial (qué palabra molesta, no?). Nos referimos a otros factores que a veces no se tienen en cuenta, o que no son modificables, como: forma de nacimiento (parto vs cesárea), lactancia, historia antibiótica, alimentación en la infancia, condiciones socioeconómicas (determinantes sociales de la salud), y un largo etcétera.
No solo se trata de suprimir el síntoma (lo cual es necesario) sino también de identificar los factores que lo generan y lo sostienen.
A lo que yo vine: ¿Qué implica esto para la práctica profesional?
Para quienes trabajamos en salud, este escenario exige una mirada integral.
No alcanza con indicar la mejor dieta baja en FODMAP (dieta de baja fermentación) y sostenerla indefinidamente. Son dietas complejas de implementar, diseñadas para un plazo más bien corto de tiempo, y que en personas que siguen alimentaciones basadas en plantas exige aún mucho más conocimiento. Tampoco alcanza con etiquetar como “intolerancia” cualquier síntoma digestivo. Si sos profesional de la salud, este es el mensaje: Hagas lo que hagas, no empieces a retirar alimentos sin una estrategia clara de reintroducción.
Un abordaje apropiado requiere:
- Evaluación clínica rigurosa, con adecuaciones especificas según el diagnostico si lo hubiera, y adaptado al síntoma. Fundamental una buena comunicación y seguimiento con el paciente. Y sí: cada caso es bastante artesanal e individualizado.
- Trabajo interdisciplinario con gastroenterología. Fundamental contar con profesionales médicos empáticos, que colaboren con diagnósticos y trabajen en conjunto con nutricionistas formados en alimentaciones basadas en plantas.
- Abordaje bio-psico-social: porque el síntoma/dolor ocasiona un gran malestar en la vida cotidiana alterando planes, afectando a la autoestima, provocando miedo a los alimentos, y todo esto condiciona la vida social de la persona.
En el Posgrado Universitario en Nutrición Basada en Plantas (UNR-FCM) contamos con un módulo específico dedicado al sistema digestivo, el cual se va poniendo más robusto con el paso del tiempo.
Allí abordamos:
- Fisiología digestiva actualizada
- Microbiota intestinal.
- Enfermedad celiaca, alergia al trigo y sensibilidad al gluten no celiaca.
- SIBO, IMO, síndrome de intestino irritable.
- Estrategias dietoterápicas basadas en evidencia
- Criterios de restricción y reintroducción.
- Prevención y tratamiento de patologías digestivas desde patrones alimentarios basados en plantas.
- Aspectos psico-sociales de la alimentación y cómo influyen en la salud digestiva.
Para ir cerrando:
La salud digestiva no es un fenómeno aislado, como casi no lo es ningún tipo de patología. Es el resultado de interacciones entre sistema alimentario, ambiente, estilos de vida, biología individual y contexto social. Empezar por aquello que sí podemos modificar ya es una intervención relevante. Poco no es nada. Poco es mucho más que nada.
Te invito a pensar el origen, y no solo el síntoma, como parte de nuestra responsabilidad como profesionales de la salud.
Si sos médico/a, nutri o estudiante avanzado de estas carreras, te esperamos en nuestro posgrado para sumar herramientas basadas en evidencia y así ayudar a muchas personas.
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Lic. Rocío Hernández @nutriloca Licenciada en Nutrición Psicóloga social Directora del Posgrado de Nutrición Basada en Plantas (UNR-FCM)